Georges Chetochine es irritante. Lo es porque en muchos casos ha tenido razón. Cuando hace veinticinco años –fue en 1979 exactamente– vino a explicar a los profesionales del gran comercio que las marcas de distribución que estaban lanzando llegarían a canibalizar el mercado de las grandes marcas, nadie le creyó. Cuando fue a explicar a los industriales del gran consumo que aceptando fabricar productos genéricos al margen de los que llevaban sus colores, organizarían una competencia con la que corrían el riesgo de ahogarse, nadie quiso escucharle… Chetochine está desfasado, se decía, es demasiado teórico… Chetochine hace provocación en el marketing, se añadía.
Cuando años más tarde Georges Chetochine afirmó y demostró que las fórmulas de hard discount superarían en el futuro a todas las demás fórmulas de distribución, nadie le tomó realmente en serio… seguía siendo provocación.
Hoy en día, ¿dónde nos encontramos? Las marcas de distribución tienen lo esencial de las góndolas de hipermercado y las tiendas de hard discount se llevan la mejor parte en los productos de gran consumo (productos de limpieza, higiene y belleza…). El fenómeno es tan importante que actualmente pone en entredicho el equilibrio y las perspectivas de crecimiento de las grandes enseñas de hipermercados… Que debilita también a las grandes marcas de productos alimentarios o de limpieza…
Georges Chetochine explica muy bien esta revolución. El consumidor responde evidentemente a factores coyunturales. El estancamiento del poder adquisitivo le empuja a buscar sistemáticamente precios bajos… pero si sólo fuera eso, como creyeron durante mucho tiempo los distribuidores, sería demasiado simple. Georges Chetochine explica en su libro que hay obviamente otros factores…
La aparición de productos nuevos ligados a las tecnologías de la comunicación han obligado al consumidor a arbitrar en su presupuesto contra los gastos de consumo corriente. La factura de teléfono se ha inflado y de resultas, el caddie se ha aligerado.
Pero eso no es todo: puede que el consumidor se haya cansado de que las innovaciones sean demasiado frecuentes para ser realmente innovadoras. Resultado: ha vuelto su mirada hacia productos más básicos.
Para terminar, el consumidor tiene todo o casi. Tiene demasiado de todo. Sus necesidades están satisfechas, saturadas. Dicho esto, continúa teniendo apetencias, de las que cada vez está más frustrado. El restablecimiento de la máquina económica depende de la capacidad de las empresas para responder, no a las necesidades sino a las frustraciones…
Georges Chetochine no se apoya en las herramientas clásicas de marketing, se apoya en la observación y el análisis del comportamiento del consumidor. Trabaja como los antropólogos.
Georges Chetochine es irritante, porque sin duda tiene razón una vez más.
Provocador o no, en su último libro Georges Chetochine abre horizontes nuevos. No habla solamente de marketing o distribución ; describe la nueva economía psíquica en la que nos adentramos.
Juzgue usted mismo si es irritante, provocador o, una vez más, adelantado a
su tiempo.
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